Cuando hablamos de
igualdad entre hombres y mujeres, nos referimos a un término que abarca, no
sólo lo referente a lo que las mujeres buscamos conseguir para igualar los
derechos y oportunidades de los que los hombres gozan en la sociedad, si no de conseguir
que sea la sociedad en su conjunto la que busque conseguir la igualdad real,
involucrándose en la construcción de este camino, tanto mujeres como hombres.
En nuestra sociedad,
desde la infancia crecemos bajo un manto de estereotipos diferenciados según el
sexo, a las mujeres se nos educa en torno a la dependencia, el cuidado y la
afiliación, mientras que a los hombres entorno al dominio, la agresión y
realización. A las mujeres se nos ha vinculado a los estereotipos de mayor
debilidad, de victimización, y a los hombres en el de agresividad y
competencia, ambos tipos de estereotipia con connotaciones negativas, cada uno a
diferente nivel.
Ante los avances y
progresos que las mujeres hemos conseguido y seguimos consiguiendo hacia la
igualdad, los hombres se disponen ante estos de diferentes maneras, como son la
defensiva, que podemos calificar como de neomachismo; la acomodación, según la
cual parece que apoyan los progresos, pero no es así a la hora de la
verdad; y por último, existiendo una forma de respuesta más igualitaria.
Todas las personas, tanto
hombres como mujeres somos productos del patriarcado, pero dentro de este, ocupamos
lugares diferentes, las mujeres el de víctimas y los hombres el de opresores,
pero esto no quiere decir que por ello la lucha sea sólo cosa de mujeres por ser
las damnificadas, sino que los hombres deben cambiar su papel como opresores,
despertando de su estereotipo negativo de agresor y comenzando un nuevo papel
más igualitario.
Aún son pocos los
hombres que han despertado y se han dado cuenta de la necesidad social de una
igualdad, pero existen, y aunque de manera minoritaria, incluso se han
organizado y forman parte de organizaciones como la Asociación de Hombres por
la igualdad (AHIGE) que en colaboración con Asociaciones de Mujeres a través de
contactos como el que tuvo lugar ayer en Valladolid, I Encuentro de Asociaciones de Hombres por la Igualdad con Asociaciones de Mujeres, buscan acabar con los estereotipos machistas que
sitúan a los hombres en el lugar de los agresores y culpables, para intentar
hacer ver al resto de hombres de la necesidad y conveniencia social de
conseguir nuevos modelos de masculinidad, positivos, respetuosos e igualitarios.
Quizás estemos
frente a un nuevo tipo de feminismo, en el que ya no solo sea la lucha de las
mujeres por conseguir su posición dentro de la sociedad, si no que los propios
hombres quieran y luchen por ese nuevo posicionamiento de la mujer a su lado, y
no en situación de inferioridad. Un nuevo humanismo, en el que también tienen cabida las mujeres.
Este sería quizás, otro gran
nuevo cuento por escribir, el de mujeres y hombres unidos en busca de la
igualdad.
Por cada mujer fuerte, cansada de tener que aparentar
debilidad, hay un hombre débil cansado de tener que ser fuerte.
Por cada mujer cansada de tener que actuar como una
tonta, hay un hombre agobiado por tener que aparentar saberlo todo.
Por cada mujer cansada de ser calificada como
"hembra emocional", hay un hombre a quien se le ha negado el derecho
a llorar y a ser delicado.
Por cada mujer catalogada de poco femenina cuando
compite, hay un hombre que se ve obligado a competir para que no se dude de su
masculinidad.
Por cada mujer cansada de sentirse objeto sexual, hay
un hombre preocupado por aparentar que está siempre dispuesto.
Por cada mujer que se siente atada por sus hijos, hay
un hombre a quien se le ha negado el placer de la paternidad.
Por cada mujer que no ha tenido acceso a un trabajo o
salario satisfactorio, hay un hombre que debe asumir la responsabilidad
económica de otro ser humano.
Por cada mujer que desconoce los mecanismos de un
automóvil, hay un hombre que no ha aprendido los secretos del arte de cocinar.
POR CADA MUJER
QUE DA UN PASO HACIA SU PROPIA LIBERACIÓN
HAY UN HOMBRE QUE REDESCUBRE
EL CAMINO A LA LIBERTAD
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